Introducción
Las enfermedades transmitidas por vectores (ETV) son enfermedades en las cuales
un vector biológico tiene la capacidad de transportar y transmitir un patógeno a otro
organismo
(1)
; principalmente causadas por parásitos, virus y bacterias. Entre los
principales vectores tenemos a mosquitos, flebótomos, chinches triatomíneos,
simúlidos, garrapatas, moscas, ácaros, caracoles y piojos
(2)
.
Aproximadamente cada año se reportan más de 700.000 defunciones a nivel mundial
debido a enfermedades como paludismo, dengue, esquistosomiasis, tripanosomiasis
africana humana, leishmaniasis, enfermedad de Chagas y fiebre amarilla, afectando
principalmente a las poblaciones más pobres, ubicadas en zonas tropicales y
subtropicales
(2)
. En el Ecuador se ha notificado la presencia de varias arbovirosis
como: dengue, zika, chikunguña, fiebre amarilla y fiebre Mayaro, las cuales debido a
sus ciclos de transmisión selvática y urbano son de importancia médica. El cambio
climático, factores ecosistémicos y sociodemográficos han contribuido a la
distribución de vectores de la familia Culicidae, como Aedes aegypti, Ae. albopictus,
Haemagogus y Anopheles, involucrados en la transmisión activa de enfermedades
vectoriales, afectando a poblaciones urbanas, urbano-marginales y rurales asentadas
en áreas de clima tropical y subtropical, que representan aproximadamente un 70 %
de la extensión territorial del país
(3)
.
El control de los vectores ha constituido una estrategia fundamental para la
prevención y de las arvobirosis a nivel mundial, principalmente con el uso de
insecticidas y la destrucción de criaderos mediante la participación comunitaria. El
control químico ha sido la principal actividad durante varios años, logrando la
erradicación de dengue en 22 países de Latinoamérica, entre los años de 1948 a
1962 mediante el uso del DDT
(4)
. Sin embargo, este compuesto presentó un alto nivel
de toxicidad en organismos acuáticos, vertebrados e invertebrados y el desarrollo de
resistencia en las poblaciones de Ae. Aegypti, ocasionado así un incremento de
casos por dengue desde el año 1980
(4,5)
. Actualmente se reporta la resistencia
cruzada a insecticidas piretroides como deltametrina, alfacipermetrina como
consecuencia del uso intensivo del DDT en México, Perú, Cuba, Colombia, Brasil,
Argentina y Venezuela
(6-10)
.
En el Ecuador, el monitoreo de resistencia a los insecticidas se ha realizado desde el
año 2016, con el reporte de resistencia a deltametrina en cinco provincias y la
susceptibilidad a malatión
(11)
. En el año 2019 el Instituto Nacional de Investigación en
Salud Publica INSPI, a través del Centro de Referencia Nacional de Vectores, realizó
un monitoreo de la resistencia a insecticidas en poblaciones de Ae. aegypti
reportando la resistencia a temefos y malatión, organofosforados utilizados para el
control de poblaciones de vectores
(12,13)
. Estos resultados indican la importancia de
realizar un monitoreo continuo de las poblaciones de vectores a nivel nacional para
planificar las estrategias de control y el manejo de resistencia a insecticidas.
Antecedentes y justificación
En la actualidad no existe un tratamiento específico o vacunas disponibles contra el
zika, dengue y chikunguña, siendo las actividades de control vectorial las principales
estrategias disponibles para prevenir y reducir el impacto de enfermedades
(14)
.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Centro para el Control y Prevención
de Enfermedades (CDC) han desarrollado metodologías de evaluación para
poblaciones de Ae. aegypti y Anopheles spp, con el fin de intensificar la vigilancia de
la resistencia de insecticidas en cada uno de los países de la región y mantener
actualizada la información de resistencia fenotípica y sus mecanismos de