
Código ISSN 2588-0551 Código ISSN 2588-0551
Revista INSPILIP - Volumen 5 - Número 3 - 2021
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Discusión:
El ejercicio físico retrasa tanto el comienzo como el
desarrollo de la EA, por múltiples razones. Primero,
porque produce cambios metabólicos y neurológicos
asociados a la disminución en la producción anómala
de la proteína β-amiloide en la corteza frontal y el
hipocampo; incrementa el riego sanguíneo en los
lóbulos frontales, parietales y temporales, y propicia
la angiogénesis capilar en la corteza primaria motora;
además, estimula los factores asociados al crecimiento
nervioso, ya que promueve la liberación de óxido
nítrico; y estimula la síntesis de dopamina al aumentar
los niveles de calcio. Segundo, la actividad física
incrementa la producción de endornas, estas reducen
los niveles de estrés, de tal manera que impiden o
disminuyen la aparición de trastornos depresivos;
además de que, mejora de cualidades físicas como
el equilibrio corporal, fuerza muscular y exibilidad
tendinosa. Lo realmente relevante es la relación entre
el ejercicio físico y la neuroplasticidad, es decir, la
capacidad del sistema nervioso para formar nuevos
circuitos neuronales y adaptarse a los cambios,
transformando su estructura y función 1,2,5.
Los equipos multidisciplinares deben abordar la
EA mediante intervenciones farmacológicas y no
farmacológicas. Entre las terapias no farmacológicas, la
sioterapia cumple un rol signicativo en la reducción
de las complicaciones de la EA porque implica el
uso de ejercicio aeróbico o de exibilidad, cuyo
objetivo es mejorar la capacidad funcional, reducir los
medicamentos utilizados, disminuir el riesgo de caídas
y minimizar los décits del progreso de la enfermedad
2,6.
Un metanálisis de 54 ensayos aleatorizados estudió
el efecto del ejercicio aeróbico sobre la presión
arterial e identicó que esta actividad disminuyó las
presiones arteriales sistólica y diastólica. Por lo que
el estudio concluyó que una reducción de la presión
arterial media puede disminuir signicativamente el
deterioro cognitivo, sobre todo en etapas tempranas
de la enfermedad. Indirectamente se evidenció que el
ejercicio enfocado en el sistema cardiorrespiratorio está
directamente vinculado con la mejora en el rendimiento
de la memoria y reduce la atroa hipocampal 2.
Varias revisiones sistemáticas analizaron estudios en
pacientes diagnosticados recientemente de EA (leve y
moderada), quienes fueron sometidos a actividad física,
cognitiva, sensorial y social. Las actividades que se
llevaron a cabo incluyen: caminar, hacer las tareas del
hogar, leer libros y periódicos con regularidad, bailar,
llenar crucigramas, musicoterapia, terapia ocupacional
y participación regular en la vida social comunitaria
2. Con una realización de actividad física de 2 o 3
sesiones semanales de al menos una hora por cada
entrenamiento, se presentó una importante mejora en
los pacientes. Casi todos los estudios han documentado
que de 4 a 6 meses de entrenamiento son idóneos para
conseguir resultados signicativos 4.
Existen pocos estudios que arman que la sioterapia
tiene un impacto positivo en los pacientes con EA,
especialmente en la etapa inicial de la enfermedad, y
tiene un mayor impacto en los mecanismos metabólicos
de las mujeres (5), entre ellos se señala que la práctica
de ejercicio aeróbico combinado con entrenamientos
de fuerza, equilibrio, doble tarea (hablar mientras
camina), coordinación y movimiento ayudan a los
síntomas cognitivos, emocionales, funcionales, físicos
y psicológicos generales. Además, se le atribuye dentro
de su gama de efectividad el hecho de provocar una
disminución de la actividad inamatoria y aumentar
la concentración de factores neurotrópicos, mejorar la
composición corporal, reduciendo la reserva adiposa y
acrecentando la masa muscular 7,8.
El estudio clínico que realizó Erickson et al, aplicando
en su grupo de intervención un entrenamiento físico
durante 6 semanas, valoró el hipocampo mediante
resonancia magnética (RM), visualizando que en
pacientes que realizaban ejercicio físico aumentó el
tamaño de esta área, mejorando su memoria espacial.
Demostrando así que la atroa hipocampal es un
marcador que puede predecir la aparición de demencia,
pues la EA inicia en dicha área 9,12.
Se ha demostrado que los cuidadores tienen un mayor
riesgo de estrés y depresión, experimentan problemas
de sueño con más frecuencia y tienen mala salud física,
al realizar los ejercicios con los pacientes, arman que
disfrutan de esta actividad pudiendo simultáneamente
supervisarlos y sentirse más felices, mejorando así sus
condiciones laborales 8,13.
Se encontró que el ejercicio físico de intensidad
moderada-alta, realizado de 3 a 5 días a la semana,
sumado a un esquema dietético como la dieta
mediterránea o la dieta DASH, mejora la función
cognitiva general en sujetos con EA. Los resultados se
potencian cuando se combinan ambas intervenciones
e incluyen ejercicios de estimulación cognitiva, lo que
permite incrementar la funcionalidad de los sujetos
9,14.