
Código ISSN 2588-0551
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Revista cientíca INSPILIP - Volumen 6 - Número Especial - Agosto - Octubre 2022
Código ISSN 2588-0551
Fuente: (García et al., 2020; Gomes et al., 2018;
Krumholz et al., 2015; Minicucci et al., 2020;
National Health Institute. The Walter Center,
2022; National Institute for Health and Care
Experience NICE, 2022; Prabhakar & Kalaivani,
2017; Prasad et al., 2014; Scottish Palliative Care
Guidelines –, 2015; Visoso-Franco et al., 2019;
Yasiry & Shorvon, 2014).
Discusión
Con el propósito de describir el tratamiento
farmacológico y no farmacológicos en sujetos
adultos con crisis epilépticas en el departamento de
emergencias, se realizó esta revisión de la literatura
especializada. Los investigadores consultados
coinciden en que, el manejo de esta emergencia
médica debe efectuarse de forma escalonada,
con estricta vigilancia del tiempo de inicio y
duración de la crisis. Así, en los primeros cinco
minutos, el abordaje general implica la evaluación
de la vía aérea y la función cardiovascular, la
obtención de una vía venosa y la toma de muestra
para exámenes de laboratorio. Mientras que el
tratamiento farmacológico implica el uso de los
benzodiacepinas como tratamiento de rescate.
Sobre esto, Hussein et al. menciona que el
tratamiento de las convulsiones de menos de cinco
minutos de evolución comienza con atención
de apoyo, protección de las vías respiratorias y
asistencia respiratoria durante la crisis. Acerca
del uso de las benzodiacepinas, este investigador
considera que no deben administrarse tan pronto,
excepto en pacientes en los que se conoce que
existe un riesgo de progresión status convulsivos,
en casos en los que existen antecedentes de
numerosos y frecuentes ataques epilépticos breves
con recuperación de la conciencia en el medio
y especialmente al evidenciarse un síndrome
epiléptico subyacente grave conocido (30).
Además, el investigador mencionado asegura que
las benzodiazepinas administradas dentro de los
cinco minutos pueden considerarse ecaces para
abortar las convulsiones, pero son más dañinas
porque suprimen la respuesta autonómica asociada
y agravan el compromiso cardiorrespiratorio
producido por una convulsión; por lo que
establece que la administración demasiado
temprana de benzodiacepinas se acompaña de más
complicaciones que benecios (30)
Sin embargo, la literatura consultada coincide en
que la administración de benzodiacepinas debe
realizarse de forma inmediata, al primer contacto
con el paciente, si no ha terminado la crisis o si
no ha recuperado la conciencia, siempre con la
vigilancia de la función de la vía aérea. En este
sentido, las guías de tratamiento de Glauser et
al. establecen con alto grado de recomendación
y calidad de la evidencia, tratamiento inicial
con benzodiacepinas en la primera fase, si las
convulsiones no han terminado en los primeros
cinco minutos. Especícamente, los investigadores
mencionados recomiendan midazolam, lorazepam
o diazepam por vía intravenosa. Consideraciones
sustentadas en los altos niveles de ecacia,
seguridad y tolerabilidad de estos fármacos (31).
En concordancia con esto, Gaínza et al. aseguran
que el retraso de la primera línea de tratamiento
se relaciona con una mayor duración de las
convulsiones, riesgo de mortalidad, por lo que
recomiendan no tardar más de 10 minutos para
iniciar la primera dosis de benzodiacepinas. (32). En
la segunda etapa de tratamiento, que debe iniciarse
si la crisis no se ha controlado en veinte minutos,
y que puede extenderse a los cuarenta minutos,
la literatura especializada recomienda el uso de
fosfenitoína, ácido valproico y levetiracetam; sin
que se hayan establecido evidencias robustas
acerca de cuál de estos fármacos es superior que
los otros (20) (21) (22) (24) (25) (15) (28) (29).
En este sentido, la evidencia respalda el
planteamiento de que no se evidencian diferencias
entre los fármacos de segunda línea en el
tratamiento de las crisis convulsivas. La mayoría
de los pacientes con status epilepticus establecido
responden a dosis altas de levetiracetam,
fosfenitoína o valproato; sin que haya diferencias
signicativas por edad, seguridad o eventos
adversos, por lo que, cualquiera de los tres fármacos
puede considerarse como posible fármaco de
segunda línea para las crisis convulsivas que no
resuelven con el uso de benzodiacepinas (33) (34).
Al transcurir los primeros cuarenta minutos, y no
controlarse las convulsiones, se debe iniciar la
tercera fase de tratamiento. Se incluye la modalidad
de cuidados intensivos, ventilación mecánica y el
uso de fármacos anestésicos. En este punto, si la
segunda fase de tratamiento no logra detener las
convulsiones, se debe proceder a repetir la terapia
de segunda línea o agregar dosis anestésicas de
tiopental, midazolam, pentobarbital o propofol
(todas con monitoreo electroencefalográco